«Estoy listo para luchar» — Forrest, voluntario del Ejército ucraniano de Carolina del Norte
Carolina del Norte es una tierra de bosques profundos y crestas montañosas, donde pinos centenarios se elevan hacia el cielo y la vida avanza a su propio ritmo. Está muy lejos de las líneas del frente de la guerra ruso-ucraniana. Pero a los 28 años, Forrest decidió dejar su hogar atrás, cruzar un océano y unirse a la 47.ª Brigada Mecanizada “Magura” para participar en una guerra que nunca fue suya… hasta que él decidió que lo fuera.
Su indicativo podría parecer inspirado en el paisaje del que proviene. Pero su origen es mucho más personal:
«De niño tenía un pequeño problema del habla, tartamudeaba un poco. A veces murmuraba o hablaba muy despacio. Así que mis amigos empezaron a llamarme Forrest, como en la película Forrest Gump. Y se quedó. Ya no tengo ese problema, pero cuando vine aquí pensé: ¿por qué no traerlo conmigo? La gente lo reconoce enseguida. Y siempre dicen: “Run, Forrest, run”.»
Carolina del Norte también es conocida como el estado “First in Freedom”, donde se hizo uno de los primeros llamados a la independencia de Estados Unidos. Para Forrest, ese legado no es solo historia. Ese fuerte sentido de libertad y justicia moldeó su forma de ver los acontecimientos más allá de su propio país:
«Me interesé por la independencia de Ucrania y su democracia desde 2014, por su lucha inicial para seguir siendo un país europeo libre. Y por la idea de que la gente debe tener el derecho de elegir cómo quiere ser gobernada.»
Su primera ventana a esa lucha fueron las redes sociales, una conexión que convirtió una guerra lejana en algo personal:
«Tenía 15 años, usaba Facebook y solo quería hacer amigos en todo el mundo. Uno de mis amigos ucranianos, Daniel, me contaba todo: desde el Maidán hasta lo que estaba pasando en el Donbás. Así empecé a entender lo que realmente ocurría.»
El camino de Forrest hacia Ucrania no fue inmediato. Durante años, la decisión estuvo ahí, pero la realidad lo frenaba. Hasta 2025 simplemente no podía permitirse venir. Así que trabajó y ahorró, hasta que la distancia entre la intención y la acción finalmente desapareció.
El trabajo duro no era nada nuevo para él. Desde los 20 años se ganaba la vida con sus manos, trabajando en la construcción y en todo tipo de empleos que pudiera encontrar:
«Era como un trabajador todoterreno. Hacía reparaciones de aire acondicionado, limpieza, revestimientos, ventanas, canalones… trabajé en muchas casas.»
Puede que no suene como una preparación para la guerra. Pero en el frente, donde la supervivencia a menudo depende de lo que puedas construir, reparar o improvisar, esas habilidades tienen su propio valor.
Llegar a Ucrania fue solo el primer paso. La siguiente pregunta era adónde ir, en qué unidad confiar, dónde combatir. Forrest exploró sus opciones, pero al final una voz de confianza le ayudó a decidir:
«Estaba viendo otros batallones, y un amigo me decía: “No vayas ahí, no hagas eso”. Me dijo: “Sé que quieres luchar, sé que tienes ese espíritu. Ven conmigo a la 47”. Y desde que llegué, ha sido genial.»
Durante dos meses, Forrest estuvo inmerso en el entrenamiento básico, la etapa en la que los civiles se convierten en soldados. Pero incluso después de completarlo, el proceso no se detuvo. En su unidad, el entrenamiento continuó, preparándolo para lo que viene: su primera misión.
«El entrenamiento fue de primer nivel. Y es muy diferente al de muchos otros países, donde hay mucho acoso y cosas así.»
Aquí, el enfoque está en el crecimiento. En entender dónde estás y empujarte hacia adelante desde ahí. En la 47.ª brigada, los instructores no solo enseñan: evalúan, se adaptan y perfeccionan:
«Ven lo que ya sabes, encuentran tus puntos débiles y trabajan en ellos. La idea es que cometas tus errores aquí, en el campo de entrenamiento, no en una misión. Sinceramente, se siente como entrenamiento individual cada vez.»
Cuando hablamos con él, la transformación ya estaba en marcha. Estaba en el umbral: el entrenamiento atrás, el combate aún por delante. Pero en su voz no había duda:
«Estoy “hotovyi”. Estoy listo.»
Y para quienes consideran hacerse voluntarios, su consejo es simple, directo y realista:
«Vengo de las montañas, así que solía hacer mucho senderismo — eso ayudó mucho. Hagan muchas marchas con peso. Tomen una mochila, metan botellas de agua y empiecen a caminar. Entrenen con el peso corporal. Si pueden, vayan a un campo de tiro. Y luego vengan aquí. Especialmente a la 47 — y hagan un buen trabajo. Hagan lo que Dios quiso que hicieran.»
Más información sobre la 47.ª Brigada Mecanizada Independiente “Magura” y cómo unirse en el sitio oficial: https://47.army/
Texto: Dmytro Tolkachov
Video, fotos: Volodymyr Patola, Dmytro Tolkachov
Edición: Oleksandr Bekker