krakow ILDU

Krakow: “Lo más importante para mí es seguir sirviendo a Ucrania”

La sangre ucraniana corre por sus venas, pero sus raíces familiares no fueron la única razón por la que llegó aquí. Exsoldado polaco, gerente de un restaurante de alta gama en Londres, alpinista y trabajador humanitario en África, Maciej —con el indicativo “Krakow”— defiende a Ucrania desde los primeros días de la invasión a gran escala de Rusia. En más de cuatro años, ha pasado de servir en la 1ª Legión Internacional a convertirse en soldado de la 92ª Brigada de Asalto Separada. Ha combatido en algunos de los sectores más intensos del frente y hoy no puede imaginar su futuro fuera del ejército ucraniano.

Antes de incorporarse a las Fuerzas Armadas de Ucrania, Krakow ya había probado diferentes profesiones. En su ciudad natal, Tarnów, se formó como cocinero. Tras completar sus estudios, se unió a las Fuerzas Armadas de Polonia y más tarde se trasladó al Reino Unido. Pasó casi ocho años viviendo en Londres, donde trabajó como gerente en un restaurante de alto nivel:

 

 

“Me entregaba por completo a mi trabajo, pero además de eso me apasionaba el alpinismo. Tengo experiencia escalando en los Alpes, los Montes Tatras polacos y otras cordilleras”.

 

 

El polaco llegó a Ucrania al inicio mismo de la invasión a gran escala de Rusia —el 5 de marzo de 2022— y desde entonces permanece aquí. Sin embargo, su vínculo con esta tierra comenzó mucho antes:

 

 

“Antes de la guerra visité Ucrania varias veces. También soy boy scout polaco, por lo que participé muchas veces en ceremonias conmemorativas en el cementerio de Lychakiv, en Lviv”.

 

 

Ucrania también tiene para él un significado profundamente personal, ligado a su historia familiar:

 

 

“Tengo raíces ucranianas por parte de mi madre. Visitaba los lugares donde vivió mi familia: mis abuelos, así como mis bisabuelos”.

 

 

Con el tiempo, estos lazos personales y familiares se transformaron en un profundo sentimiento de conexión con el país que hoy defiende:

 

 

“Respeto a Ucrania porque tiene una cultura, tradiciones y religión muy ricas. Me gusta este país y planeo quedarme aquí después de la guerra”.

 

 

Cada voluntario extranjero tiene sus propias razones para luchar por Ucrania. Para algunos es una experiencia personal; para otros, un deber moral o el deseo de defender los valores en los que creen. La decisión de Krakow de unirse al ejército ucraniano estuvo influida por varias de estas razones:

 

 

“Primero, vine aquí porque tengo algo de sangre ucraniana, así que me siento parcialmente ucraniano. En segundo lugar, soy exmilitar de las Fuerzas Armadas de Polonia. Y cuando vivía en el Reino Unido, viajé a África —Uganda— tres veces como sanitario. Trabajé con UNICEF. Entonces, ¿cómo iba a quedarme al margen y no venir a ayudar a Ucrania?”

 

 

Sin embargo, su motivación va mucho más allá de los lazos personales con Ucrania o del sentido del deber profesional. Para Krakow, esta guerra también es una lucha por el futuro de quienes vendrán después:

 

 

“Vine aquí para luchar por la libertad. Pero también me importa profundamente cómo vivirán los niños aquí. Todo lo que hago en el frente es por ellos, para que puedan sentirse libres, ser ellos mismos y tener una vida normal”.

 

 

Maciej combate desde los primeros días de la invasión a gran escala de Rusia. Durante este tiempo ha participado en decenas de combates y operaciones, ha presenciado numerosas tragedias humanas, pero también ha visto un valor, una inventiva y una hermandad extraordinarias. A lo largo de los años de guerra ha acumulado incontables historias: sobre la vida y la muerte, la pérdida y la supervivencia, decisiones arriesgadas y giros inesperados del destino.

 

 

Una de esas historias la recuerda especialmente bien. Ocurrió en 2023 y demuestra que en la guerra la victoria no siempre depende únicamente del poder de fuego o de la superioridad numérica, sino también de la ingeniosidad:

 

 

“Había un chico en mi pelotón que hablaba ruso perfectamente, casi sin acento. Empezó a gritar a los rusos: ‘¡Vengan aquí! No somos ucranianos. Les daremos comida. Somos militares rusos’.

 

 

Y los rusos le creyeron. Quince soldados rusos se acercaron a nuestras posiciones. Luego se dieron cuenta: ‘Ah, estos son ucranianos’.

 

 

Por supuesto, se rindieron. Allí estaban unidades de la Legión, la 3ª Brigada de Asalto Separada y unidades del Servicio Estatal de Guardia de Fronteras. En un solo día, tomamos 15 prisioneros rusos”.

 

 

En la guerra, mucho depende de las cualidades personales del soldado: la resistencia, la profesionalidad y la disposición a asumir responsabilidades. Pero no es menos importante quién está a tu lado, en quién confías tu vida y con quién compartes las dificultades del frente.

 

 

Para Krakow, las personas se convirtieron en una de las principales razones por las que decidió continuar su servicio en la 92ª Brigada de Asalto Separada:

 

 

“Estoy en esta unidad desde diciembre de 2025. Pero ya había trabajado con la 92ª Brigada antes. Los conocí cuando era comandante de pelotón en la 1ª Legión Internacional para la Defensa de Ucrania. Operamos bajo el mando de la 92ª Brigada: primero cerca de Kupiansk en 2023 y luego en Bajmut, Andriivka y Klishchiivka.

 

 

La 92ª son profesionales que cuidan de sus soldados. Se ocupan de todo. Por eso estoy aquí y permaneceré en este batallón y en esta brigada mientras tenga fuerzas”.

 

 

Cuando comenzó su servicio en Ucrania, se le presentó otro desafío: aprender el idioma ucraniano. Para Krakow, no era solo una cuestión de comunicación efectiva con sus compañeros, sino también una muestra de respeto hacia el país que había venido a defender:

 

 

“El polaco es muy cercano al ucraniano. Podemos entendernos casi sin problemas. Antes de la guerra no sabía ni una palabra de ucraniano. Hablaba con mis compañeros ucranianos que antes habían estado en Polonia. En tres meses ya entendía algo de ucraniano. Como polaco, me resultó más fácil aprender ucraniano que ruso, porque el polaco está mucho más cerca del ucraniano que del ruso”.

 

 

No todos los voluntarios saben qué harán después de la guerra. Krakow ya tiene una respuesta. Es simple, pero reveladora: quiere permanecer donde cree que puede ser más útil:

 

 

“No planeo volver a la vida civil y ni siquiera puedo imaginar cómo sería. Simplemente quiero seguir formando parte de las Fuerzas Armadas de Ucrania.

 

 

No importa dónde exactamente. Podría estar en algún lugar de la frontera, vigilando a los rusos. O en un campo de entrenamiento, transmitiendo mi experiencia y formando a nuevos reclutas. Lo más importante es seguir sirviendo en las Fuerzas Armadas”.

 

 

 

Texto: Dmytro Tolkachov


Video, fotos: 92ª Brigada de Asalto Separada


Edición: Oleksandr Bekker